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El espacio de trabajo como lugar a repensar

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Se está agotando un modelo, no sabemos si incluso un sistema de sociedad, pero desde luego está cambiando la forma de trabajar en las profesiones que habitan en las oficinas.

Hago esta aclaración para que no olvidemos que hay muchas e importantes profesiones que todo esto de las oficinas no les suena cercano: panaderos, electricistas, mecánicos, instalador de antenas, etc., porque, cómo en cualquier tema, es importante tener perspectiva.

Pero aquí vamos a hablar del espacio de trabajo, específicamente el de las oficinas que ya ha cambiado en muy pocos meses. Durante este tiempo muchos hemos tenido que acomodar un rincón de la casa para convertirlo, más o menos, en un espacio de trabajo temporalmente. Este espacio se resume en: una mesa o tablero, una silla, una luz en forma de lámpara o similar, por supuesto, el ordenador y, cómo no, el teléfono.

Se puede decir que este combo es el común denominador de los improvisados espacios de trabajo caseros, que se han construido como “balsas de supervivencia” para mantenernos a flote en el deber para con nuestra profesión. Todo esto se ha diseñado de la misma forma en la que se improvisan las trincheras en el frente de guerra, o como si una tormenta equipada con tsunami nos hubiera sorprendido y arrollado.

Digamos que, metafóricamente, la tormenta no ha amainado del todo y seguimos aislados en nuestra balsa, aunque ya con más libertades de movimiento (depende de cuándo y dónde se lea este documento) remando cautelosamente al encuentro de nuestros semejantes.

Si analizamos esta “balsa” desde un punto de vista conceptual y del diseño no se diferencia mucho del puesto de trabajo que teníamos en la oficina: mesa, silla, luz, ordenador y teléfono.

Pero sabemos (ya éramos conscientes, pero ahora lo somos más) que un puesto de trabajo conlleva muchos otros elementos también esenciales.

Les invito a que cada uno se detenga en este punto y, antes de seguir leyendo, haga un repaso mental sobre cuáles son estos otros elementos esenciales que ahora no tienes en tu “balsa”, más o menos aislada.

Y ya puestos podemos atrevernos a hacer un recuento de aquellos aspectos que quizá ahora sí tenemos y antes no teníamos y, de igual manera, intentar calificarlos de esenciales o no.

Estoy seguro de que llevar a cabo este ejercicio nos dará tantos resultados diferentes como personas que lo llevan a cabo. Habrá quienes deseen regresar a esa zona de confort anterior y habrá quienes prefieran seguir trabajando desde casa, pero en ambos casos estoy seguro de que muchos harán sus matices.

Bienvenidos, nos encontramos en un momento histórico, un momento de “repensar formas y hábitos”.

Desconozco cuál es la proporción para sacar una estadística sobre qué caso es más popular, si los que prefieren estar en casa o los que prefieren la oficina de antes. Sin embargo, ahora mismo lo que realmente me interesa más es aprovechar e invitar a todos a analizar el resultado del ejercicio que hicimos hace unas líneas. En definitiva, tomar perspectiva.

Hay algo que nos tiene que quedar claro y es que nuestra forma de trabajar, hasta hace unos meses, no ha sido precisamente diseñada con el objeto de encontrar la fórmula y modelo ideal; ni mucho menos.

Por contra este modelo de concentración de personal organizados por rangos y jerarquías, con algún espacio en común, hace tiempo que viene derivando en otras posibilidades como son las llamadas oficinas “modernas”, las cuales básicamente procuran una mayor transparencia visual y comodidad para todos por igual. Digamos que se trata de una estructura más horizontal, aunque según el caso, también hay quien lo ve como una forma de que nos encontremos tan a gusto que pasemos así el mayor tiempo posible trabajando.

Lo que ha irrumpido como un terremoto a causa del confinamiento es el famoso “teletrabajo”. Así que vamos a enfocarnos ahora en este concepto para conocer un poco mejor cuan amplio puede ser.

En el término “teletrabajo” está clara la parte del sufijo: “trabajo”, pero el prefijo “tele” es la incógnita a despejar y la que hay que definir en este cambio de modelo.

TELETRABAJO

¿Desde dónde queremos teletrabajar cuando no estamos en la oficina corporativa?

Ya estamos acostumbrados a las múltiples combinaciones posibles de asistencia a la oficina mediante el trabajo desde casa, repartiendo los días de la semana entre ambos lugares. Creo que queda claro que esta es una opción claramente temporal y simple, que sin duda aporta unos beneficios para este tiempo de impasse o ,como yo lo veo, de redefinición de un modelo de espacio de trabajo.

No creo que podamos valorar este modelo como una opción, en la medida en que seguiríamos cabalgando entre el viejo modelo de oficinas y las trincheras habilitadas improvisadamente en casa. Eso no se sostiene en el tiempo.

Por tanto, analizando las opciones reales que tenemos ahora mismo, me salen dos:

  • Mejorar tu propia balsa

Dispones de una casa amplia y puedes destinar un cuarto o estancia a la oficina. En este caso podrás encontrar innumerables consejos en incontables artículos sobre cómo sacar el máximo partido a ese rincón de tu casa, donde antes había una planta de grandes hojas, para cohabitar con un entorno de carácter tan opuesto al trabajo como es el hogar.

En este punto les pediría de nuevo “perspectiva” y recordar el ejercicio que hicimos donde recopilábamos los puntos, para nosotros esenciales, que debe tener un puesto de trabajo. Si hacemos el mismo ejercicio con el hogar, nos daremos cuenta de que las compatibilidades dentro del mismo espacio son pocas. Así que con esa perspectiva es con la que debemos analizar aquellos consejos de ese artículo, en el que prometen recetas maravillosas para crear un espacio de trabajo dentro de tu hogar.

  • Incorporarte a una balsa común

Esta opción más que una balsa se podría llamar “barco”, por su equipamiento y prestaciones. Estamos hablando de espacios de trabajo compartidos, generalmente conocidos como coworking.

Esta es una solución intermedia entre volver a la oficina y quedarse en casa, la cual, por su naturaleza más polivalente y la capacidad de adaptarse a la demanda del mercado, tiene la posibilidad de hacer que sus espacios sean elásticos y puedan así cumplir con las normativas de distancia social y demás medidas derivadas del contexto sociosanitario. A esto se le añade los típicos extras que puedes no tener en tu casa, como buena línea de internet, sala de reuniones presencial o virtual, cabinas para llamadas, libertad de horarios para adaptarte a tus ritmos y todas las nuevas o no tan nuevas necesidades de este modelo en ciernes.

VOLVIENDO A LO ESENCIAL

Estoy seguro de que en el ejercicio que hicimos anteriormente más de uno ha pensado en conceptos como los que voy a describir ahora. Para mi hay dos cosas que influyen de manera determinante y que quiero destacar, ya que en este momento de alarma sanitaria no ocupan las primeras líneas de la lista de prioridades:

  • Comunidad y socialización

Para muchos de nosotros, algo esencial, aunque por el temor a contagio no sea un concepto ahora mismo que goce de popularidad y la gente no pronuncie tanto, es la socialización con presencia física. No vale lo de usar las múltiples plataformas para videollamadas que han brotado como setas en noviembre, que cumplen una función muy útil en múltiples aspectos (no olvidemos el ahorro en tiempo y en combustibles fósiles para desplazamientos), pero que en ningún caso vienen a sustituir ese aspecto que nos ha construido durante milenios como una especie social.

Por mucho que no sean de un país latino como nosotros, donde se estrechan las manos apretando, este es el punto donde parece ser que confluyen las preferencias generales. 

Es por esta y otras razones que surgen alternativas de espacios de trabajo compartidos que ahora quieren acercarse a esta nueva necesidad. Espacios no tan centralizados en las urbes como hasta ahora, sino más diseminados por el territorio y las periferias.

Estos nuevos espacios compartidos han detectado la necesidad y vienen a profundizar en una tendencia que ya estaba presente en otros campos como el consumo de producto de cercanía. El comercio de barrio, en el que buscas tener lo máximo posible a mano y sólo te desplazas fuera de tu área para lo imprescindible. Pero ya la coyuntura de contención de desplazamientos nos ha hecho ver que podemos reducir considerablemente nuestra necesidad de usar el coche y de desplazarnos a diario.

Digamos que en esa “cesta de la compra” faltaba incluir no un producto, sino un servicio: la oficina que viene a tu barrio. Oficinas que buscan ofrecer, además de funcionalidad, un entorno propicio para la productividad.

  • Entorno y productividad (salud)

El entorno condiciona la productividad y la salud, no precisamente en este orden, ya que ambos conceptos se interrelacionan mutuamente.

Hay una cuestión de raíz y es que, si la alarma que estamos viviendo es sanitaria y afecta colectivamente, deberíamos poner especial énfasis en las cuestiones de salud personal, que es donde tenemos el límite de nuestra incidencia inmediata.

La salud personal desde luego abarca muchos campos relacionados, tantos con los cuidados físicos como los de la psique humana. Desde la ergonomía, las buenas costumbres alimenticias, los hábitos saludables, etc. Todas estas cuestiones que no siempre son fáciles de implementar si trabajamos a dos pasos de la nevera, a tres de la despensa y nos dan las 12 con el pijama puesto. Nada voy a añadir en estas líneas que no sepamos todos sobre la importancia de crearnos rutinas que sigan una camino e intención de vida.

En nuestra balsa de la esquina del salón podremos navegar un tiempo el cual dependerá mucho de si tenemos o no niños en casa, pero desde luego, echando nuevamente mano de la perspectiva, debemos tener claro que es y debe ser temporal. Quiero aclarar aquí que este análisis no es para aquellos profesionales que ya, antes del Covid, estaban acostumbrados a trabajar desde casa. Si lo hicieron por elección propia es razonable que puedan seguir escogiendo esta opción, pero a lo mejor la escogieron justo porque no había otra.

En definitiva, lo que es innegable es que vivimos en tiempos de repensar muchos aspectos relacionados con nuestra forma de vida como sociedad. Otra cosa es que lo hagamos de manera profunda y colectivamente como debería ser, al menos a juzgar por la inteligencia que se nos supone como especie. Pero lo que ya está sucediendo es que este virus, o lo que sea, ha hecho cambiar hábitos y espacios de trabajo. Se nos presenta ya mismo el reto de llevar este nuevo o nuevos modelos de espacio, que salgan de ahora en adelante, hacia un entorno mejor donde prime la salud, que llevará de la mano la productividad teniendo muy presente nuestra condición de animal social, reconociendo las virtudes y los límites de las herramientas para teletrabajar; y aprovechando esta crisis y los huecos de oportunidad que deja para redefinir ese nuevo entorno que queremos a nivel individual y colectivo.

 

Oscar Rodriguez Vila

Fundador de SingularOffices

Oscar Rodriguez Vila es fundador de la empresa SingularOffices, enfocada en el diseño de espacios de trabajo singulares. Entre ellos varios coworking y oficinas corporativas e institucionales recogiendo encargos que precisamente quieren provocar un cambio en la forma de trabajar. Entre sus clientes destacan: Palet Express – Cajasiete, Spegc, Patronato de Turismo, CAAM, Sodecan,etc.

Además, es artista multidisciplinar en campos como la escultura, el land art, el vídeo, la instalación lso, la cual nutre sin duda los diseños de los espacios de trabajo que proyecta.

Sus trabajos han sido expuestos en diferentes espacios y museo nacionales e internacionales.