Menos horas, mismo sueldo: el proyecto de ley que quiere reducir la jornada laboral en España
Puede que aún falten meses, discusiones y votos, pero ya está sobre la mesa: el Gobierno ha presentado un proyecto de ley que propone reducir la jornada laboral a 37,5 horas semanales sin tocar el sueldo.
El texto, publicado el pasado 16 de mayo en el Boletín Oficial de las Cortes Generales, no es ley todavía, aún debe pasar por el trámite parlamentario. Pero si llega a aprobarse, fijará un nuevo tope legal: la jornada máxima semanal pasará de 40 a 37,5 horas. Eso no implica necesariamente que se trabaje menos horas cada día ni menos días a la semana, sino que, al cabo del año, el total de horas trabajadas deberá ser menor.
La forma en que esa reducción se aplique dependerá de cada empresa o sector. Podría traducirse en jornadas un poco más cortas, en más días de descanso o en otra distribución del tiempo de trabajo. La forma concreta dependerá de lo que se acuerde en la negociación colectiva. Porque la norma pone el marco general, pero los detalles se deciden después.
¿Una medida sin base?
La propuesta no habla de pruebas piloto, ni de voluntariedad, ni de empresas que puedan acogerse “si quieren”. Es un cambio legal: bajar el máximo permitido de 40 a 37,5 horas. Es decir, dejar de asumir que trabajar ocho horas al día, cinco días a la semana, es la única forma posible. Porque no siempre ha sido así. Y porque en otros lugares ya se ha demostrado que las cosas pueden seguir funcionando, aunque se dedique menos horas al trabajo.
Islandia, por ejemplo, probó una semana laboral de cuatro días entre 2015 y 2019 con más de 2.500 empleados públicos. El resultado: igual o mayor productividad, menos estrés y mejor conciliación. En Reino Unido, un ensayo con 61 empresas y cerca de 3.000 trabajadores arrojó datos parecidos: el 92% de las compañías que participaron decidieron continuar con la semana de cuatro días tras concluir el programa. En casi todos los casos, los beneficios se notaron en salud mental, fidelización del talento y reducción del absentismo.
No se trata solo de tiempo, sino también de salud, productividad y calidad de vida. La OCDE lleva años señalando que España está entre los países europeos con jornadas más largas, pero no necesariamente entre los más eficientes. Trabajamos mucho, pero no siempre bien.
¿Y cómo se garantizará que se cumpla esta medida?
Uno de los puntos clave del proyecto está en algo que ya debería estar ocurriendo desde 2019: el registro horario. Cada empresa está obligada a anotar cuándo empieza y termina la jornada de sus trabajadores. Pero en muchos casos, eso se hace de forma simbólica, manual o directamente se ignora. Ahora, con esta nueva norma, se busca reforzar esos mecanismos. Que no quede en el aire. Que haya constancia.
Para ello, herramientas como Lives HR Marcajes están cobrando protagonismo en muchas empresas. Este tipo de plataformas digitales permiten registrar de forma precisa y en tiempo real las entradas y salidas, adaptarse a distintos turnos y generar informes automáticos que facilitan el cumplimiento normativo.
Se creará además una nueva Agencia Estatal de Inspección de Trabajo y Seguridad Social, con más recursos y capacidad para comprobar que las normas se cumplen. Porque reducir la jornada en el papel está bien, pero lo importante es que se reduzca también en la práctica. Y eso, como siempre, pasa por vigilar.
¿Y ahora qué?
Todavía no hay fechas cerradas para su aprobación definitiva, y es posible que el texto sufra modificaciones durante su paso por el Congreso y el Senado. Pero la intención está clara: cambiar la forma en que entendemos el trabajo y el tiempo.
Aproximadamente 12,5 millones de personas podrían verse beneficiadas si la ley se aprueba tal y como está redactada.
Pero más allá de las cifras, la propuesta lanza una reflexión, y es que quizás no se trate solo de trabajar menos, sino de vivir más. De resignificar el tiempo y conquistar espacios para la quietud y la calma, lo que previsiblemente tendrá un impacto positivo en nuestra actividad laboral.


